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5 pasos para controlar una piel grasa

5 pasos para controlar una piel grasa

Cómo tratar tu piel grasa sin fallar en el intento

Tener la piel grasa es una de aquellas cosas que una no elige, pero por suerte existe esta rutina. Controla la producción sebácea, reduce tus poros, previene la aparición de granos y trata cualquier signo habitual en una piel grasa. ¿Empezamos?

Pasos a Seguir

1
Limpia tu piel con una doble limpieza

Limpia tu piel con una doble limpieza

Lo primero que hay que hacer en una piel grasa, siempre, es limpiarla en dos fases. ¿Por qué? Pues porque con una no basta, así de sencillo.

Las pieles grasas acumulan dos tipos de suciedad: la que generan por sí mismas y la que adquieren del exterior, y cada una de ellas se retira con un producto distinto.

La primera se elimina con productos con base de aceites y bastante ligera como una loción micelar o una manteca limpiadora. Su misión es, paradójicamente, eliminar la capa más gruesa de suciedad y maquillaje.

La segunda es como un "remate" que sirve para erradicar las toxinas u otros residuos que solo reaccionan antes limpiadores con bases acuosas, y por ello debe hacerse con un jabón, una gelatina, un gel limpiador, una crema limpiadora o un limpiador facial.

Lo sabemos. De entrada da pereza, pero acostumbrarse a hacer estos dos pasos es mucho más sencillo que acostumbrarse a rechazar dulces suculentos cada vez que te invitan a un cumpleaños.

¡Ojo al dato! Este tipo de limpieza es necesaria también si te maquillas mucho. Así que si tienes la piel grasa y encima te maquillas... No, no tienes que limpiarte cuatro veces, tan solo debes asegurarte de no saltártela nunca.

Su minuto de gloria es: por la noche y por la mañana. Eso sí, por la mañana no necesitas hacer las dos fases porque la piel no llega a acumular tanta suciedad; te bastará con cualquier limpiador del primer grupo (con base aceitosa).

2
Ponte el tónico facial

Ponte el tónico facial

Muy contrariamente a lo que se suele pensar, el tónico es como la base de galleta que sostiene todo el relleno del pastel. O lo que es lo mismo: es imprescindible para conseguir que tu piel grasa esté más receptiva al tratamiento.

¿Por qué? Pues porque en su mayoría es agua, y las células cutáneas son hidrófilas, es decir, que captan mucho mejor este elemento. Eso implica que, si les das agua antes de colocar la crema hidratante, además de reforzar su hidratación, asimilarán mucho mejor los nutrientes que les des después.

Por eso, pon un tónico en tu vida y, más concretamente, en tu piel. Que nunca falte.

Su minuto de gloria es: después de cada limpieza y durante el día, para refrescar la piel.

3
Aplica sérum reductor de poros

Aplica sérum reductor de poros

Sí, ya lo sabemos. Llevas esperando la crema hidratante desde el paso 1 y no llega, pero es que todo lo que hay por el camino es más importante, si cabe.

El sérum no es lo que consideraríamos un básico, puesto que se puede sustituir por el tónico - que sí lo es, no lo olvides -, pero es de gran interés añadirlo a tu rutina. El motivo es tan sencillo como que es el producto con mayor concentración de principio activo y eso, a la práctica, representa un refuerzo de calidad para el tratamiento de tu piel grasa.

Además, es el que tiene mayor capacidad de penetración y consigue llegar a las capas más profundas del estrato córneo. Eso sí, siempre que hablemos de uno de tipo acuoso o geloide. Los aceites aquí no entran.

Su minuto de gloria es: después del tónico y antes de la crema, siempre.

4
Hidrata la piel con crema facial

Hidrata la piel con crema facial

Vaya, que llegó el momento para la crema hidratante. No hace falta que digamos en qué consiste este paso porque su propio nombre lo indica, pero sí que hay que hacer una distinción: usa cada crema para su momento adecuado. Parece muy obvio, pero no siempre lo es.

La piel tiene unas necesidades distintas de día que de noche, por eso no se puede sustituir un producto diurno por uno nocturno y viceversa. Puede que no te guste, pero es un hecho:

  • Crema facial de día: por si no es suficiente obvio, hay que ponérsela solo durante el día, por la mañana, después de hacer la limpieza matutina. Su función es la de protegerla de los agentes externos y, en algunos casos, también del sol. Está formulada con ingredientes extraídos de plantas adaptógenas para ayudar a la piel, como su nombre indica, a adaptarse mejor al entorno. Esto puede parecer muy común, pero para tu piel grasa es una gran noticia, ya que así no necesita de sus propios recursos - generar más sebo, básicamente - para mantenerse protegida.
  • Crema facial de noche: mientras dormimos, la piel hace su propio proceso de regeneración. Aplicar una crema específicamente diseñada para reforzar este proceso ayudará a que tu cutis se deshaga más fácilmente de todos los "bloqueos" que se van generando durante el día, consiguiendo así liberar poco a poco los poros obstruidos y restablecer el equilibrio cutáneo.

 

Su minuto de gloria es: ¿en serio hay que decirlo?

5
Hazte un combo de mascarillas

Hazte un combo de mascarillas

Si hay algo que en cualquier rutina facial no puede fallar es la limpieza semanal - que nada tiene que ver con la diaria -.

Esta sirve para exfoliar, eliminar las células muertas, incrementar la regeneración de la piel y contribuir a que la rutina diaria sea mucho más efectiva. Es, sin duda, la acción que mayor residuos e impurezas consigue eliminar y un refuerzo de altísima importancia para erradicar los puntos negros, los poros obstruidos y la generación de granos, comedones, espinillas o barrillos.

Además, si se hace completa, también ayuda a calmar mucho la piel, unificar el tono, reducir las rojeces y aportar mucha suavidad al cutis. Por no decir que favorece una mejor absorción de todo los principios activos que le apliques después.

Y ¿qué significa hacerla completa? Te preguntarás. Pues la respuesta es sencilla: combinar productos que trabajen bien conjuntamente y se complementen entre sí. Porque recuerda: aunque sea semanal, siempre se hace elevada al cuadrado (es decir, doble). Aquí algunos ejemplos:

  1. Jabón negro + Mascarilla blanca
  2. Mascarilla exfoliante negra + Mascarilla de arcilla
  3. Gelatina exfoliante + Mascarilla de arcilla

¿Cómo escoger? Te damos dos criterios:

  • El económico, obviamente.
  • Tu nivel de sensibilidad: si prefieres un proceso de limpieza más bien suave, quédate con opciones como la 1 o la 2. Si necesitas sentir como cada gránulo roza tu piel intensamente, escoge una opción más similar a la 3.

Te quedes con la que te quedes te será útil, de eso que no te quepa duda.

Su minuto de gloria es: entre una y dos veces por semana, incluso hasta tres, dependiendo de cómo notes tu piel.

Conclusión

Ya va tocando abandonar la posición de «especialita» del grupo.

Silencia tu frase mítica, digna de biografía: «a mí no me acerques eso que me salen granos».

Sucumbe a las – buenas – tentaciones por una vez (tras otra).

Y haz el favor de darle un buen bocado a ese donut de choco que te está poniendo ojitos, que él solo quiere que le sigas un poco el rollo.

Que sí, que a veces comerte un dulce puede ser peligroso, pero más peligroso es perderte un gozo como ese por darle el gusto a tu cutis, que lo único que consigue es que te sientas peor.

Tú ven aquí y haznos caso:

Aparta las preocupaciones, disfruta de los grandes y pequeños placeres y luego, cuando llegues a casa, sigue con esta rutinita fácil, sencilla y para toda – ¡Sht! -. Para toda la familia no. Solo para ti, que tienes la piel grasa.

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