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A contracorriente: te desvelamos la inesperada técnica B-Curly

A contracorriente: te desvelamos la inesperada técnica B-Curly

A contracorriente: te desvelamos la inesperada técnica B-Curly

Si no eres persona de quedarte mucho tiempo en un sitio y tienes el pelo rizado, estamos seguros de que la técnica B-Curly está hecha para ti.

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Índice del artículo

¿Alguien ha dicho... B-Curly?

Vaya, una curly curiosa por aquí (carita sugerente). Qué honor más grande.

Bienvenida seas a tu casa, y enhorabuena.

Te felicito, de corazón, porque si te has metido en este jardín es porque eres una persona con inquietudes, inconformista, una B-Curly.

Sabemos que has leído. Y mucho. Sabemos que te has llegado a sentir perdida. Y mucho también. Y sabemos que sigues queriendo más, porque eres insaciable. Y, como tal, quieres alcanzar la perfección (en términos capilares) para hacer honores a ese apodo que tú y tu cabello os habéis ganado: la Curly Girl.

Por eso, nosotros, que somos muy como tú, y que también nos va la marcha, nos hemos aventurado a crear la técnica B-Curly.

«Oh, vaya, qué osados. Qué atrevidos. Qué sinvergüenzas.»

En efecto, todo eso nos define. Y nos encanta. Y sabemos que a ti también. Pero, más allá del puro salseo, te estarás haciendo la pregunta que esperábamos que te hicieras: ¿Qué narices es la técnica B-Curly?

Pues bien, no es nada más ni nada menos que nuestra propia versión de los hechos. Así que te invito a quedarte y ver si es compatible contigo (que no solo con tu pelo, ojo al dato).

Aunque yo tengo claro que sí, para qué te voy a engañar.

¿Eso es una B? ¿B-Curly, dices?

B-Curly, digo. Porque estoy segura de que alguna vez te han dicho que jamás hay que andar por la vida sin un plan B.

Y que, en determinados momentos, dicho plan B puede acabar siendo tu primera opción y acabar gustándote incluso más que el plan M A.

No es que quiera convencerte ahora de que una cosa es mejor que otra, cuidado. Cada opción tiene sus ventajas y cada cual sus preferencias. Simplemente digo que tener alternativas en la recámara es (muy) bueno.

Y más si son alternativas como esta.

Pero vamos al grano, que me lío.

La técnica B-Curly viene a ser la opción flexible del conocidísimo Curly Girl Method.

Supongo que ya sabrás que aquí no somos muy de seguir normas de forma estricta y que nos gusta cuestionarnos las cosas y curiosear, probar, ensuciarnos las manos – en el buen sentido de la palabra -.

Pero el trasfondo de todo esto no es – solo – que seamos un poco alocaos. Es que, poniéndonos a analizar un poco el panorama, vemos una cosa muy clara: cada melena es un mundo. Y lo que a una le va bien puede representar un auténtico desastre para otra. O puede resultarle más difícil de mantener por mucho que sea «lo ideal». Si lo aplicamos al tema que nos ocupa, ¿qué significa esto? Pues que no todas están hechas para seguir una pauta cerrada y preestablecida. Y cuando digo todas, me refiero a las melenas, claro.

Quizás tu cabello sea de esos a los que les va la marcha y no le vale con que tú le impongas unas normas. Quizás su bienestar se encuentre por otro camino. Puede que él, por muy bueno que sea lo que le estás dando (que nadie dice lo contrario, faltaría más), simplemente tenga otras necesidades.

Y la técnica B-Curly es, exactamente, para ese tipo de pelo. Para ese tipo de pelo rizado al que le va la jarana, para ser más concretos.

B-Curly, my girl

Esa es la premisa. Así de simple. Con el doble sentido que le estás dando y con todo lo que eso implica.

Y ¿qué es lo que implica?

Pues, primero de todo, ser tú. Así, como vienes de serie. Con tus rizos, con tus virtudes y con tus defectos. Implica ensalzar la belleza de tu pelo ondeante. Implica que eres alguien a quien le gusta probar cosas nuevas y que, aunque seas atrevida, no andas a salto de mata. Que tienes una B que te funciona muy bien. Y que no te da ningún miedo usarla siempre que te haga falta.

Implica que eres consciente de que tu melena es tan especial como tú. Y que se merece que hagas todas las pruebas del mundo para darle su lugar (siempre sin riesgos, claro está). Y yo sé que, sea como sea tu rizo, estás sintiendo que hablo de ti, así que no me digas que no va contigo. Porque ¿quién no iba a querer hacer lo que esté en sus manos por cuidar su pelazo? Si hasta yo, que tengo el pelo más liso que un fular recién planchado, siento que esa idea me representa (y no, no es una suerte tampoco, si es lo que estás pensando).

Entonces, visto así, ¿podríamos decir que la técnica B-Curly es una reivindicación? Te preguntarás.

Obviamente que Sí, te respondo yo. Rotundamente.

Y ¿qué reivindica? Pues algo tan sencillo como que puedes hacer con tu cabello lo que te dé la gana, que para eso es tuyo.

Y, partiendo de esa base, sé que no le harás nada que pueda hacerle daño (ni yo tampoco te lo recomendaría, que si algo me considero es buena persona).

Así que ahora que ya nos hemos puesto en situación, yo creo que lo único que nos falta es que te explique de qué va todo este tema, ¿no?

Pues venga. Tirémonos de cabeza.

B-Curly & No mires atrás

Lo primero que debes saber cuando ya te ha picado la curiosidad y decides investigar un poco sobre la técnica B-Curly es que hay un principio totalmente compartido con el método Curly. Sí, ya lo sé, de entrada te habrá parecido que es un tanto desafiante, y que no podrían llegar a tener nada en común, pero no.

Más bien, es conciliadora. Porque lo único que pretende, al igual que la opción de la conocidísima Lorraine Massey, es que hagas las paces con tu melena. Y que, ya que te pones, le des un poco de tregua. Y aquí sí que viene la diferencia: dar tregua no es solo decir «Ok, este es mi pelo, voy a intentar potenciar su forma». No. Darle tregua es darle la posibilidad de probar todo lo necesario para encontrar su propia forma  – y nunca mejor dicho – de estar bien.

Por eso mismo, usar la técnica B-Curly requiere de cierto ejercicio de vaciado. O, más bien, de re-aprendizaje. Me explico: esto es un poco como cuando vas al cole, te enseñan que si no apruebas todo eres una mala estudiante y cuando pasa el tiempo te das cuenta de que había cosas que ni siquiera necesitabas – ni querías – saber.

Y si hay algo aquí que sea cierto es que el saber no ocupa lugar, eso jamás lo negaremos. Yo soy la primera que considero necesario saber más y más para poder ser capaz de decidir qué quiero y qué no quiero tener en mi cabeza (en todos los sentidos posibles). Pero también tengo claro que no todo son verdades absolutas. Y que todo tiene sus matices.

Pues bien, partiendo de esta base, para eso existe la técnica B-Curly: para poner unos cuantos asteriscos donde parecía que no había letra pequeña. Y para facilitarte la vida, que eso también es importante. Por ello, antes de saber cómo aplicarla y bajo qué premisas – que no condiciones – voy a ponerte un poco en contexto y a plantearte el criterio desde el que se ha ideado esta alternativa.

Que, por cierto, no olvidemos que tiene como prioridad ampliar el abanico de cuidados de tu cabello rizado.

Don’t worry, B-Curly

B-Curly o no B-Curly, esa es la cuestión.

Pues, obviamente, B(e)-Curly. Porque si estás aquí lo más probable es que tengas el cabello rizado y que estés buscando desesperadamente algo que le funcione bien a tu melena rebelde. Pero ahora viene ese momento en el que te sorprendo y te digo que lo que debes hacer no es intentar controlarla, sino acompañarla en su rebeldía.

Y eso, querida amiga, es aplicable a cualquier tipo de cabello. Que sí, que no estás leyendo esto porque lo tengas lacio como yo, pero si así fuera, estas humildes recomendaciones también te irían estupendamente. Porque la ténica B-Curly, recordemos, es apta para cuidar cualquier tipo de cabello. Aunque, si tienes un rizo muy rizado, con patrón 2c o más alto, por ejemplo, seguramente la agradezcas más que nadie.

No está de más tampoco hacer mención a esas melenas que no son lisas pero tampoco bailan entre tirabuzones. Esos cabellos ondulados en los que asoman rizos con timidez pero no sin fuerza. O quizá sí. Porque tu objetivo aquí puede ser muy variado en función de tu tipología capilar y sus características, pero lo que intento decirte es que, como proclama el título de este apartado, don’t worry, b-curly. O lo que es lo mismo, no te ofusques y realza tu belleza (y ya que estoy, te animo a que lo hagas con toda tu persona).

«Sí, claro, qué fácil lo haces».

Y tan fácil. Porque con la técnica B-Curly lo es. Mira si te lo simplificamos que lo único que tienes que hacer es seguir leyendo y aplicar cada paso que te cuento. Sin prejuicios, sin agobios, sin excesos y sin complicaciones: así es como se consigue un cabello suave, flexible, sin encrespamiento, con aspecto natural y sin efecto acartonado. Una melenaza, vamos.

¿Y todo eso haciendo lo que me cuentas? ¿Y ya está? Pues sí, cariño.

Houston, no tenemos ni un problema

«¿Y ahora qué dice esta?»

Digo que cero problemas siempre smile. No que sonriendo se vayan, sino que sonrías porque, con la técnica B-Curly, poco a poco desaparecerán (ojo, siempre manteniéndonos en el terreno capilar).

Y te cuento por qué.

¿Recuerdas cuando eras pequeña, que te decían «prueba esto» y tú decías «no me gusta» solo por su apariencia? Sí, ¿verdad? Seguro que de adulta alguna vez te ha vuelto a pasar. Y haz memoria, porque me da que esa vez no queda tan lejos.

Solo que en esta ocasión no te hablaban de comida, sino de algo muy distinto y a la vez muy parecido: de ingredientes.

«Ay, que ya ha sacado el tema». Pues sí. Lo saco porque es importante que hablemos de ello.

Resulta que en el mundo de la cosmética existe una infinidad de componentes que desconocemos. Componentes que pueden ser tanto beneficiosos como dañinos. Pero claro, si nadie nos habla de ellos, cómo vamos a saber a qué nos enfrentamos. Lo mismo nos estamos poniendo algo en la cabeza que se acabará definiendo como el oro de los ingredientes. O quizás todo lo contrario. Pero sin información todo se vuelve relativo.

Hasta aquí estamos de acuerdo, ¿verdad? El problema viene cuando empezamos a leer y nos quedamos a medias. O nos cuestionamos absolutamente todo o hacemos sacos enormes de generalizaciones y metemos dentro hasta los pepinos ecológicos. Entonces surge el gran dilema: ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo me voy a cuidar si nada me sirve?

Pues, como dice la canción, You better stop. Mejor párate un momento y analiza con detenimiento. Que todo es cuestión de poner las cosas en su lugar.

Hablemos claro:

No es más B-Curly quien más se preocupa, sino quien menos se complica.

Y para no complicarse es necesario no ofuscarse. Así que voy a darte algunas aclaraciones rápidas sobre ingredientes que sí y que no debes aceptar en las composiciones de tus productos, además de algunos mandamientos que son de cumplimento obligado en esta casa:

Tensioactivos

Mucho se habla últimamente sobre su presencia, especialmente, en los champús. Existen distintos tipos, de los cuales ahora podría ponerme a hablarte y desarrollarlos como si de una novela erótica se tratase. Pero no sería excitación lo que te produciría precisamente, así que vamos a focalizarlo en los más importantes.

Sodium Lauryl Sulfate (SLS)

Sodium Laureth Sulfate (SLES)

Sodium Coco Sulfate (SCS)

Seguramente habrás oído que cualquiera de ellos es perjudicial para la salud de tu cabello o de tu cuero cabelludo, pero la verdad es que no es del todo cierto. Son necesarios para arrastrar la suciedad y restos de impurezas y prácticamente los únicos capaces de conseguirlo con efectividad. Lo que los convierte en desaconsejados es la manera en la que se producen.

En el caso de los dos primeros, su tratamiento hace que se aíslen por completo sus aceites grasos, convirtiéndolos en química pura. Sin embargo, el conocido como SCS los mantiene todos dado que no se fraccionan en el momento de la extracción, por ello es un ingrediente seguro – y certificado – que no supone absolutamente ningún riesgo para tu cabecita, puesto que asegura la estabilidad de la barrera protectora de la piel y preserva las ceramidas naturales del cabello.

Es por ello que, evidentemente, nuestra recomendación siempre será el SCS u otras alternativas similares, pero nunca el SLS o el SLES.

Y he aquí el primer mandamiento: nunca digas que no a un producto solo porque leas «sulfate», analiza cuál es y, más importante todavía, revisa el resto de la composición. Porque de poco te valdrá que no contenga ni un sulfato pero esté repleto de emulsionantes, co-emulsionantes, conservantes y estabilizantes que te destrozan el cabello. Mucho mejor un tándem de SCS + ingredientes naturales, gracias.

Alcoholes

Por muy buenas fiestas que te hayas podido dar con el que viene en botellita de color azul, entre otros tantos, estos no son de su mismo equipo (bueno, los del vaso de tubo tampoco es que sean agua bendita, precisamente). Son componentes que de forma aislada contribuyen a resecar el cabello, deshidratarlo, debilitarlo y exponerlo haciendo que pueda partirse con mayor facilidad. Además, si entran en contacto con la piel del cuero cabelludo pueden irritarla y causar dermatitis por contacto, lo cual obviamente no es nada beneficioso.

Sin embargo, en una composición con otros ingredientes y en una concentración muy, pero que muy baja, no tienen por qué ser terroríficos. Los hay que no son nada recomendables y los hay que son tolerables, por eso voy a decirte cuáles puedes aceptar, en caso de hacerlo, en un producto:

  • Alcoholes de cadena corta: etanol (ethyl alcohol), alcohol isopropílico (isopropyl alcohol). Al ser volátiles, su contacto con el cabello es menor y, por eso, de la larga lista de este tipo, hay algunos que sí podemos aceptar. Entre los que no te aconsejaría habría que diferenciar uno, el alcohol bencílico (benzyl alcohol), puesto que puede encontrarse de forma natural en ingredientes como el aceite esencial de jazmín y por ello podríamos decir que constituye una excepción.
  • Alcoholes de cadena larga: glicerina (glycerine), butylene glycol, cetearyl alcohol, stearyl alcohol, propylene glycol. Dentro de seguir siendo alcoholes, son los de mayor aceptación, especialmente en cosmética natural, por sus características humectantes e hidratantes.

Sí, ya sé que ese punto puede ser un tanto confuso, por eso voy a poner un poco de claridad.

Nuestra recomendación y segundo mandamiento en este caso es que trates de evitarlos en la medida de lo posible, pero si un producto te está conquistando y contiene uno de los alcoholes mencionados, no pongas el grito en el cielo, puedes utilizarlo tranquilamente, que tampoco saldrás ardiendo.

Siliconas

Otro tema tabú. De entrada ya te digo que son inocuas, es decir que, en sí, no suponen ningún riesgo para la salud de tu cabello. Sí que es cierto que no te las recomendaríamos para aplicarlas sobre la piel o el cuero cabelludo, ya que al posarse sobre ella no dejan de ser un bloqueo al que algunas pieles podrían reaccionar generando más grasa (nada grave, tampoco, pero innecesario).

Sin embargo, si hablamos de cabello, de medios a puntas concretamente, el problema es inexistente. Lo único que puede perjudicarte es lo que uses para limpiarlas, que como ya has visto más arriba, tampoco representa ninguna amenaza si lo haces bien.

¿Qué te aportan las siliconas? Suavidad, elasticidad, ligereza, resistencia y anti-frizz. Si no quieres un estropajo por cabeza, ellas son tus aliadas. Y sus nombres más conocidos son tales como:

  • Dimethicone
  • Dimethiconol
  • Phenyl trimethicone

Dicho esto, aquí va el tercer mandamiento: sí a las siliconas siempre que sea en cabello y sin tocar la piel o el cuero cabelludo. ¿Cómo asegurarte? Fácil: usando solo productos que sean para hidratación y/o nutrición que no afectan a las raíces.

Oxidantes y amoníaco

Ahora estarás pensando: ¿qué pinta esto aquí? Pues te lo respondo bien rápido y fácil.

¿Te tiñes con tintes clásicos? ¿Te decoloras el cabello? ¿Sí? Ajá, te pillé.

Este tipo de productos contienen amoníaco o bien derivados del amoníaco, cuya principal misión es la de abrir la cutícula para que penetre el tinte. Cutícula que quedará dañada y ya no se volverá a reparar a menos que cortes. Además, mientras esté abierta también irá penetrando mayor suciedad en tu cabello y cada vez resultará más débil y dañado.

Si a parte del tinte aplicas decoloraciones para las que es necesario emplear aguas oxigenadas de volúmenes altos (melenas platino, por ejemplo), la sentencia ya está lista.

Con lo cual, el cuarto mandamiento es más que obvio: no te tiñas a menos que lo hagas con tintes 100% naturales, ni tampoco te decolores el cabello. Y, si lo haces, no pretendas que ningún método o técnica lo salve de acabar como el peluquín del actor secundario Bob.

Antes de terminar con esta emocionante sección voy a darte el último y más importante mandamiento. Y este sí que quiero que lo tengas presente always: todas las composiciones te muestran los ingredientes ordenados de mayor a menor cantidad. Es vital que nunca pierdas de vista este punto para poder valorar antes de asustarte o decir sí a todo. Mira el listado y hazte estas preguntas:

  • ¿Contiene algún producto no recomendado? Ok, vamos a ver en qué parte de la lista está.
  • ¿Cómo son el resto de ingredientes? ¿Naturales? Perfecto, a ver en cómo se distribuyen y cuántos hay. ¿Químicos? Ok, revisemos cuántos son y a qué altura están.

En resumen: no descartes o aceptes un producto solo por la presencia de un ingrediente. Valórala en conjunto con el resto y entonces decide.

Vas a volverme B-Curly, lo sé

Bueno, en realidad tampoco es eso. Yo tan solo expongo ideas y tú decides.

Veamos el paso a paso de lo que nuestras expertas han creado bajo el nombre «Técnica B-Curly»:

  1. Un buen repaso: eso es lo que le tienes que dar a tu melena antes de echarle una sola gota de agua. ¿Cómo? Con un cepillo de cerdas suaves o bien uno desenredante de plástico. Al contrario de lo que se suele pensar, es un hábito perfecto para repartir la grasa de las raíces hacia las puntas y dejarlas re-hidratadas, eliminar residuos y cabello muerto y estimular la circulación sanguínea, facilitando además el cepillado post-lavado.
  2. Mejor que sobre: especialmente cuando hablamos de hidratación. Por eso, antes de ponerte a limpiar, aplica un aceite de medios a puntas para proteger tu melena de la limpieza y prevenir la deshidratación, además de contribuir a lograr un resultado suave y saludable.
  3. Hola y adiós: hazte con un buen exfoliante capilar o un champú de pre-lavado y lava tus raíces para decir bye bye a las pieles muertas y hello a un cuero cabelludo renovado y bien fresco. Este paso es recomendable hacerlo antes que ningún otro e irlo repitiendo una o dos veces por semana para asegurarte de que esté siempre bien oxigenado. Así ayudarás a que reciba mayor cantidad de nutrientes y favorecerás que mantenga fuerte su estructura.
  4. Sí al champú: así como hay quien te dirá que mejor no uses champú, nosotros te diremos que sí. Siempre que siga las premisas comentadas, puedes aplicarlo esté como esté tu pelo: sano, seco o dañado. Lo importante es que lo hagas solo en el cuero cabelludo húmedo, sin tocar el resto para no deshidratarlo. Cuando lo aclares, el mismo agua con restos de champú servirá para arrastrar la suciedad del resto del cabello y dejarlo limpio.
  5. Sigue hidratando: antes de salir de la ducha puedes hacer dos cosas. A) Aplicar un acondicionador con el pelo húmedo – que no mojado -, dejarlo actuar durante 3 minutos y enjuagarlo con agua tibia. B) Aplicar una mascarilla nutritiva con el pelo también húmedo, dejarla actuar durante 20 minutos y retirarla después. En ambos casos deberás hacerlo de medios a puntas y sin tocar la raíz. La decisión de aplicar uno u otro radicará en qué momento de la semana te encuentres. Si sientes que tu melena empieza a necesitar un extra de fuerza, es hora de aplicar la mascarilla. Eso sí, nunca la uses durante menos tiempo del requerido, porque te aseguro que será como ponérsela a la pared.
    • Este, además, es el mejor momento para desenredar tu melena. Usa un peine de púas anchas para cabello húmedo y ve peinando el cabello de medios a puntas, repartiendo todo el producto.
  6. No quiero más agua: si eres de las que prefiere ducha de cinco minutos, tienes la opción de usar un acondicionador sin aclarado o bien un sérum para sellar el rizo justo después del acondicionador «normal» y con el cabello húmedo, ya fuera de la ducha. Que ¿cómo saber cuál aplicar? Fácil: si tu cabello es abundante, largo, seco y encrespado usa el primero. Si es más bien seco, fino y pobre usa el segundo. Y si sientes que necesita flexibilidad y/o suavidad a la par que densidad, puedes combinar los dos (primero colocando el sérum y después el acondicionador).
  7. Rizar el rizo: hora de definir. En esta fase tienes dos opciones: espuma, sérum o gel. Si quieres un rizo más suave y con más caída, lo tuyo es el sérum o la espuma moldeadora. Si lo que te interesa es un rizo fuerte, potente y bien sujeto, lánzate a por el gel. En los tres casos el modo de aplicación será con el pelo todavía húmedo y usando las manos con la técnica scrunch (presionando el rizo en dirección ascendente).
  8. Basta de humedad: llegamos al final del proceso con el secado del cabello. A partir de aquí deberás tratar a tu melena como si fuese de porcelana, es decir, tocándola lo mínimo posible. Para secarla bien es importante tener esto en cuenta:
    • Hazlo con difusor a temperatura media o fría.
    • Vayamos por partes: sepáralo por zonas y sécalo de dentro hacia afuera, manteniéndolo presionado en cada parte. Si lo haces al revés, cuando seques lo de dentro volverás a darle calor a la parte externa y lo encresparás.
    • No hagas scrunch, el momento ya pasó. Solamente ve abriéndolo para separarlo y facilitar el acceso del aire.
    • No lo seques por completo, así evitarás que se deshidrate.
  9. Remate final: una vez seco, puedes optar por aplicar un aceite reparador para reforzar el cabello, aunque no es obligatorio. Simplemente ayudará a prevenir la debilidad y la sequedad.
  10. Refresh: antes de volver a hacer todo el proceso completo puedes refrescar tus rizos con un acondicionador en spray que los re-hidrate. Puedes hacerlo al día siguiente e incluso volverlo a secar después (si queda muy mojado) y complementar finalmente con el gel de rizos mezclado con un poco de agua para diluirlo (todo dependerá de la intensidad que quieras alcanzar). En cualquier caso, hazlo por fases (separando la melena en pequeños grupos) y aplicando con las manos para lograr un mejor resultado.

La técnica B-Curly está ideada para ser aplicada día sí día no. Es decir, un día se hace rutina completa, al siguiente se refresca. Aunque según vayas avanzando verás cómo te funciona mejor a ti.

Livin’ la vida B-Curly

Antes de terminar, es importante que no pierdas estas consignas de vista:

  • Retira siempre la humedad con toallas de microfibra o camisetas viejas para no generar electricidad estática (véase preludio del frizz).
  • Duerme siempre con el cabello recogido en un moño o bien envuelto en un pañuelo de tela suave (seda o satén, por ejemplo).
  • No tengas prisa. Sé paciente y fíjate bien en todos los pasos que das. Encontrar tu combinación perfecta te llevará tiempo, no desesperes. Y si lo necesitas, pide ayuda (o prueba uno de nuestros kits).
  • No des todo por hecho. A veces el cabello no reacciona como esperamos y no siempre es culpa de tu rutina. Ten en cuenta el estrés, la dieta, una situación determinada o la temperatura: todo influye.
  • No te obsesiones. Aunque pueda parecerlo, tu melena no lo es todo. Si no sale bien hoy, ya lo hará mañana. Recuerda que el bienestar no te lo da una mascarilla ni te lo quita un champú.

Y sobre todo, no te conformes. Ese es el principio de la técnica B-Curly y así te lo he contado (o eso he intentado). Prueba, equivócate, enfádate y empieza otra vez, pero no me vuelvas al alisado japonés, por favor. Cambiar tu mundo empieza por tu cabeza (y no hablo solo de los rizos).

¿Te animas a mover las piezas?

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